Comercio & Negocios

América Latina enfrenta el reto de convertir la digitalización en productividad y crecimiento económico

La región avanza en adopción tecnológica, pero aún no logra traducir ese progreso en mayores niveles de productividad, competitividad ni empleos de calidad. Ese fue uno de los principales consensos surgidos durante un panel organizado por Forbes Centroamérica en el marco del Foro Económico Internacional para América Latina y el Caribe, realizado en Panamá, donde líderes empresariales y expertos en política pública coincidieron en que el verdadero salto digital exige inversión sostenida, coordinación público-privada y una transformación profunda del capital humano.

Durante la conversación titulada “El salto digital en ALC: innovación, productividad, ciberseguridad y nuevas oportunidades de inversión”, organizada por CAF–Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, se planteó que la digitalización ya no es una opción estratégica, sino una necesidad económica urgente para cerrar brechas estructurales frente a economías avanzadas.

Los panelistas subrayaron que, aunque América Latina ha incorporado tecnologías en sectores clave, el gran desafío sigue siendo escalar esas iniciativas. Pasar de proyectos piloto a verdaderos ecosistemas digitales permitiría atraer capital, generar mayor valor agregado y posicionar a la región no solo como usuaria, sino también como proveedora de servicios digitales en los mercados globales. En ese proceso, la confianza institucional, las reglas claras, la protección de datos y la ciberseguridad se consolidan como pilares del modelo económico digital.

“El salto digital no es inmediato; estamos entrando en una nueva etapa marcada por la inteligencia artificial”, señaló Gloria Guimarães, miembro de la Comisión de Tecnología, Innovación y Transformación Digital del CDESS. En la misma línea, Eleonora Rabinovich, Head of Government Affairs & Public Policy Hispanoamérica de Google, sostuvo que el verdadero avance ocurre cuando la IA se utiliza para resolver problemas públicos y mejorar la calidad de vida, algo que —afirmó— ya comienza a verse en la región.

Rabinovich destacó que América Latina vive una fase de “hiperprogreso”, donde la inteligencia artificial dejó de ser experimental y se integra a la vida cotidiana, especialmente en educación, con tres de cada cuatro usuarios utilizándola como herramienta de aprendizaje. Esta democratización tecnológica, añadió, permite que incluso las pequeñas y medianas empresas accedan a capacidades analíticas antes reservadas a grandes corporaciones.

Desde una visión estratégica, José Vicente de los Mozos, CEO de Indra Group, enfatizó que el salto tecnológico debe concebirse como una política de Estado, apoyada en la colaboración público-privada. Argumentó que existen razones geopolíticas claras para acelerar la digitalización: elevar la productividad, fortalecer la soberanía tecnológica y avanzar hacia un desarrollo sostenible. No obstante, advirtió que sin confianza y financiamiento, la inversión no fluye, y remarcó que la ciberseguridad debe ser un componente transversal de cualquier proceso de digitalización.

Pedro Betancourt, VP de Asuntos Externos, Regulatorios y Económicos de Grupo Waiken, puso el foco en el impacto social del cambio tecnológico. A su juicio, la transformación digital solo será efectiva si incluye a los sectores menos favorecidos de la región, mediante educación y alfabetización digital que permitan comprender y aprovechar herramientas como la inteligencia artificial.

En términos sectoriales, De los Mozos identificó tres frentes clave para los próximos años: el análisis de datos, la adopción de inteligencia artificial y el fortalecimiento de la ciberseguridad como eje transversal. Estos elementos, coincidieron los expertos, son determinantes para elevar la eficiencia y competitividad de las economías latinoamericanas.

Las cifras respaldan la urgencia del desafío. Según el Latin American Economic Outlook 2025, la productividad laboral en América Latina y el Caribe creció apenas 0.9% anual entre 1991 y 2024, por debajo del promedio de los países de la OCDE. El Fondo Monetario Internacional advierte además un rezago cercano al 43% frente a las economías avanzadas, evidenciando un doble problema: bajos niveles de productividad y un crecimiento insuficiente de la misma.

En contraste, la digitalización avanza con fuerza en el ámbito móvil. En 2024, las tecnologías y servicios móviles aportaron cerca de 550,000 millones de dólares, equivalentes al 8.2% del PIB regional, con proyecciones de alcanzar 680,000 millones de dólares para 2030. La penetración del internet móvil pasó del 64% en 2024 y podría acercarse al 75% hacia finales de la década, impulsada por inversiones estimadas en 90,000 millones de dólares en infraestructura de redes.

El consenso del panel fue claro: América Latina cuenta con mayor conectividad y acceso tecnológico, pero el impacto económico dependerá de políticas públicas efectivas, instituciones ágiles, formación de talento y una articulación real entre Estado y sector privado. Solo así la transformación digital dejará de ser una promesa y se convertirá en un motor tangible de crecimiento, productividad e inclusión en la región.

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