La más reciente información divulgada por el Banco Central de Reserva (BCR) a partir del V Censo Agropecuario y el I Censo de Pesca 2025 perfila un escenario de contracción relevante en la producción pecuaria nacional, con implicaciones directas en la oferta interna de alimentos, la balanza comercial y la sostenibilidad económica del agro salvadoreño.
El mayor impacto se registra en el ganado bovino, cuyo inventario se redujo de 1.04 millones a 589,725 cabezas, una caída absoluta de 453,206 animales, equivalente a una contracción del 43.5%. Del total, el 84.9% del hato se concentra en Unidades de Producción Agropecuaria (UPA), mientras que el resto corresponde a producción de patio, reflejando una estructura productiva mayoritariamente formal.
De acuerdo con los datos censales, la composición del hato bovino está orientada principalmente a la producción de leche y a la reposición. El 63% de los productores declaró que su actividad principal es la producción láctea, lo que confirma que el sector bovino mantiene un enfoque hacia el abastecimiento del mercado interno de leche y derivados, en un contexto de creciente dependencia de importaciones para cubrir la demanda.
La contracción también es significativa en el subsector porcino. El número de cabezas pasó de 274,765 a 143,528, una disminución de 131,237 animales, equivalente a una caída del 47.8%, la más severa entre las especies censadas. El inventario total se sitúa en 182,534 cerdos, con una actividad orientada mayoritariamente a la producción de carne y a la venta directa al consumidor final, canal que concentra el 74.2% de la comercialización.

En la avicultura, aunque se mantiene como el principal rubro pecuario por volumen, los datos también muestran un retroceso. El inventario total cayó de 32.2 millones a 29.4 millones de aves, una reducción de 2.8 millones. El 78.4% de las aves se localiza en UPA, con predominio de pollos de engorde (39.2%) y gallinas ponedoras (17.9%), y una alta participación de la venta directa al consumidor, lo que sugiere un mercado fragmentado y sensible a variaciones de costos.
Para productores del sector, el ajuste no responde únicamente a problemas de eficiencia productiva. Manuel Orellana, productor agropecuario, señaló que la caída refleja un entorno cada vez más adverso para competir. “La mayoría de productos terminados de origen animal, como lácteos y carnes, provienen de la importación. No es solo un tema de maquinaria o tecnología; aun invirtiendo, no se puede competir con países como Nicaragua en carne”, afirmó, al subrayar la necesidad de una mayor inversión pública que mejore las condiciones estructurales del agro.
Los resultados del censo, el primero en casi dos décadas, confirman un reordenamiento profundo de la producción pecuaria nacional, en un período marcado por el aumento de los costos de insumos, las presiones inflacionarias posteriores a la pandemia y una mayor exposición a la competencia externa, factores que continúan redefiniendo el peso económico del sector agropecuario en la economía salvadoreña.