El fenómeno de El Niño genera nuevos desafíos para las empresas de América Latina. Sus efectos pueden afectar el suministro de agua y energía, el transporte, las materias primas y la continuidad de las operaciones.
Un análisis de WTW Corredores de Seguros advierte que el impacto puede variar según cada país y sector. Algunas zonas podrían enfrentar sequías y escasez de agua. Otras, en cambio, podrían registrar lluvias intensas.
A este escenario se suman temperaturas más altas y un mayor riesgo de incendios forestales. Estos factores pueden aumentar los costos y generar interrupciones en las actividades de las empresas.
La energía, entre los principales riesgos
Uno de los puntos que requiere mayor atención es el suministro de energía. La disminución de los niveles de los embalses puede reducir la generación hidroeléctrica.
Ante esta situación, algunos mercados podrían recurrir a fuentes térmicas. Estas suelen tener costos más altos. Para las empresas que utilizan grandes cantidades de energía, esto puede elevar sus gastos y aumentar el riesgo de interrupciones.
El transporte también podría verse afectado. WTW estima que los costos logísticos podrían aumentar hasta un 15% debido a posibles cuellos de botella.
Los problemas de transporte pueden generar retrasos en la llegada de materias primas e insumos. Esto puede afectar los tiempos de producción y la capacidad de las empresas para cumplir con sus clientes.
Cadenas de suministro bajo presión
La disponibilidad y el precio de los insumos son otros factores que las empresas deben vigilar.
WTW señala que cerca del 30% del suministro de fertilizantes de la región proviene de Oriente Medio. Por ello, cambios en los precios o problemas de disponibilidad pueden aumentar los costos de producción y reducir los márgenes de las compañías.
“Los efectos de un evento climático pueden trasladarse rápidamente a la operación, al abastecimiento y a la capacidad de una empresa para atender a sus clientes”, señaló Eduardo Barrientos, gerente general de WTW Corredores de Seguros en El Salvador.
La firma recomienda que las compañías no esperen a que ocurra una interrupción para actuar. La planificación debe comenzar con la identificación de los riesgos que pueden afectar cada operación.
Entre las medidas sugeridas está contar con proveedores alternativos. También se recomienda disponer de inventarios adecuados y fuentes de respaldo para servicios esenciales.
Los planes de continuidad deben actualizarse y ponerse a prueba. Las empresas pueden realizar simulaciones para comprobar cómo responderían ante una interrupción de agua, energía, transporte o suministro.
“Una interrupción que comienza como un problema climático puede terminar reduciendo el margen de una compañía cuando no existen alternativas de abastecimiento, inventarios adecuados o rutas logísticas de contingencia”, explicó Barrientos.
Prepararse antes de que llegue el impacto
El monitoreo también puede ayudar a anticipar problemas. WTW recomienda seguir indicadores como las precipitaciones, las temperaturas y las reservas de agua y energía.
La disponibilidad de materias primas y las condiciones que favorecen los incendios también deben formar parte de este seguimiento.
Otro mecanismo es la transferencia de riesgos mediante seguros. Entre las opciones están las coberturas paramétricas.
Estas pólizas pueden establecer pagos a partir de variables climáticas medibles. Entre ellas están la lluvia, la temperatura o la velocidad del viento. Esto puede agilizar la respuesta financiera ante determinados eventos.
Para Barrientos, las empresas deben analizar el costo que tendría una interrupción antes de que ocurra.
La pregunta, explicó, no debe centrarse solo en la posibilidad de que suceda un evento climático. También debe considerar cuánto perdería una compañía si tuviera que detener una operación crítica, perdiera un proveedor estratégico o no pudiera atender a sus clientes.
WTW recomienda incorporar el riesgo climático en la gestión empresarial. La evaluación debe tomar en cuenta las condiciones de cada país, sector y operación.
El objetivo es identificar las principales vulnerabilidades y definir medidas de prevención antes de que un evento climático afecte las operaciones, los costos o las cadenas de suministro.

