Para 2025, los países de Centroamérica y México enfrentan un panorama de continuidad en los mandatos de sus presidentes electos, con excepción de Honduras, que celebrará elecciones en ese año. Esta continuidad en los liderazgos promete estabilidad en la implementación de políticas públicas, favoreciendo un entorno más predecible para la inversión local y extranjera.
Según proyecciones del Econosignal de Deloitte S-Latam, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de estos países se estima en niveles variados: México 1.4%, Costa Rica 3.7%, El Salvador 2.2%, Guatemala 3.5%, Honduras 3.5%, Nicaragua 3.4%, Panamá 3.0% y República Dominicana 4.4%. La región, especialmente con su proximidad al mercado norteamericano, mantiene una sólida relación comercial con Estados Unidos, siendo este uno de los principales destinos de sus exportaciones, como textiles, productos agrícolas, autos, computadoras y metales preciosos.
Sin embargo, uno de los fenómenos comunes en la región es la migración hacia Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. Esta tendencia genera un reto importante: el crecimiento económico de la región estará condicionado por las políticas migratorias del nuevo gobierno estadounidense, especialmente las medidas restrictivas anunciadas por el presidente electo. Entre los desafíos están el aumento de deportaciones y las políticas de seguridad, que podrían tener efectos negativos en la economía local debido a la repatriación masiva de migrantes y la necesidad de reubicarlos en la población activa.

Ante estos retos, la región podría encontrar una oportunidad en el fenómeno del friendshoring, que implica la integración comercial entre países cercanos para fortalecer cadenas de suministro y proveeduría. En este sentido, la proximidad con Estados Unidos se convierte en una ventaja estratégica para aprovechar el nearshoring, es decir, la reubicación de la producción cerca de este mercado clave.
El friendshoring podría ser un factor clave para mejorar las relaciones comerciales de Centroamérica y México con Estados Unidos, al mismo tiempo que se optimizan los costos de producción y se diversifican mercados hacia Europa, Sudamérica y Oceanía. Un ejemplo de este modelo es el acuerdo anunciado por el gobierno de EE.UU. y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para financiar proyectos de ensamblaje y prueba de semiconductores en Costa Rica, México y Panamá, creando una cadena de suministro que podría competir con la producción asiática.
Asimismo, el sector automotriz y la industria de semiconductores son áreas de oportunidad para la región, al integrar capacidades locales para proveer componentes críticos que los EE.UU. requieren, reduciendo costos logísticos y siendo competitivos frente a la producción asiática.
En resumen, los países de Centroamérica y México se enfrentan a una serie de desafíos para el 2025, incluyendo la política migratoria, el control de la inflación y la inseguridad, pero al mismo tiempo, tienen ante sí una oportunidad histórica para fortalecer sus economías mediante la integración regional y el aprovechamiento de la relación cercana con Estados Unidos, en el contexto de una nueva era de friendshoring y nearshoring que podría darles un impulso significativo en el comercio internacional.