Comercio & Negocios

FMI advierte crecimiento moderado y mayores riesgos para la economía de Latinoamérica

La economía latinoamericana enfrentará en los próximos años un escenario de expansión contenida, condicionado por debilidades estructurales y un entorno internacional menos favorable. Las nuevas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) anticipan que la región crecerá 2.2 % en 2026, una revisión a la baja frente a estimaciones previas y un desempeño inferior al promedio de las economías emergentes, antes de mostrar una leve mejora en 2027, cuando alcanzaría un 2.7 %.

De acuerdo con el informe Perspectivas de la Economía Mundial, el menor dinamismo regional responde a una combinación de factores persistentes: baja productividad, limitada inversión y condiciones financieras más restrictivas. A ello se suma el impacto desigual de la desaceleración del comercio global y la dificultad de América Latina para capitalizar el auge de la inversión tecnológica que impulsa el crecimiento en economías avanzadas. En contraste, el FMI proyecta que el conjunto de economías emergentes y en desarrollo crecerá 4.2 % en 2026 y 4.1 % en 2027.

Brasil, la mayor economía de la región, refleja con claridad este enfriamiento. El organismo prevé que su producto interno bruto (PIB) se expanda apenas 1.6 % en 2026, por debajo tanto de la proyección anterior como del 2.5 % estimado para 2025, aunque con una recuperación moderada hasta 2.3 % en 2027. El FMI atribuye esta desaceleración al endurecimiento de las condiciones financieras internas, una menor expansión del consumo y una política fiscal menos estimulante. No obstante, destaca que el país mantiene fundamentos macroeconómicos relativamente sólidos, lo que reduce los riesgos de episodios de inestabilidad severa.

Las grandes economías, en ritmos dispares

En México, el panorama es algo más favorable que en previsiones anteriores. El FMI estima un crecimiento de 1.5 % en 2026 —muy por encima del cálculo realizado el año pasado— y de 2.1 % en 2027. La economía mexicana continúa estrechamente ligada al desempeño de Estados Unidos, su principal socio comercial. La resiliencia de la economía estadounidense y la reconfiguración de las cadenas de suministro en Norteamérica siguen siendo un respaldo clave, aunque persisten limitaciones asociadas a la baja inversión pública.

Argentina, por su parte, aparece como una excepción relativa dentro de la región. Tras una prolongada contracción, el FMI proyecta un crecimiento del 4 % en 2026 y un ritmo similar en 2027. El organismo explica este repunte por un efecto rebote luego de un severo ajuste macroeconómico, la gradual corrección de desequilibrios fiscales y monetarios y una mejora del sector externo. Sin embargo, advierte que la sostenibilidad de este crecimiento dependerá de la continuidad de las reformas y de la capacidad para contener presiones inflacionarias y tensiones sociales.

Más allá de los desempeños individuales, el FMI subraya que América Latina continúa expuesta a riesgos externos significativos, como una reversión de los flujos de capital, una caída en los precios de las materias primas o un recrudecimiento de las tensiones geopolíticas. A esto se suma el elevado nivel de deuda pública en varios países, que limita el margen de maniobra fiscal ante eventuales choques.

En su evaluación final, el organismo multilateral insiste en que el desafío de fondo para la región sigue siendo estructural: sin reformas que impulsen la productividad, fortalezcan la inversión privada y mejoren la calidad del gasto público, Latinoamérica corre el riesgo de mantener un crecimiento insuficiente para reducir de forma sostenida la pobreza y las desigualdades en los próximos años.

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