Comercio & Negocios

«La Cuenta del Mar»: una travesía de esperanza entre manglares y comunidad en el Estero de Jaltepeque

Por: Emilio Flores, Periodista Comercio y Negocios

Entre el susurro del viento costero y el murmullo del agua entre raíces, Comercio y Negocios junto a un grupo de periodistas, creadores de contenido y representantes de medios de comunicación nos adentramos en los manglares del Estero de Jaltepeque, invitados por Banco Agrícola y la Fundación Domenech. El motivo: conocer de cerca La Cuenta del Mar, un ambicioso proyecto de restauración ecológica y empoderamiento comunitario que está transformando no solo el paisaje, sino también la vida de muchas familias salvadoreñas.

Más que una visita, fue un encuentro con la vida que habita entre ramas retorcidas, con las historias de quienes cuidan el manglar y con un modelo de sostenibilidad que apuesta por el desarrollo económico a través de la conservación ambiental.

Una cuenta que suma sostenibilidad

La Cuenta del Mar es una iniciativa liderada por Banco Agrícola, en alianza con Mastercard y la Fundación Domenech, con el objetivo de preservar los manglares —ecosistemas vitales para la biodiversidad marina y la protección de las comunidades costeras frente al cambio climático—, y al mismo tiempo, generar oportunidades de desarrollo económico local.

Durante el recorrido, se nos explicó que ya se han intervenido 6.7 kilómetros de canales en los sectores Mamasoca y El Desierto, superando la meta inicial de 5 km. La restauración de estos espacios ha mejorado la circulación del agua y favorecido la supervivencia de múltiples especies, devolviendo vitalidad a la zona.

Pero el impacto va más allá de lo ambiental: se construyó un corral de conchas que ayuda a filtrar el agua del manglar y beneficia directamente a la cooperativa femenina Estrellitas de Mar, integrada por mujeres de la comunidad que se dedican a la extracción sostenible de curiles.

Mujeres que restauran, protegen y lideran

Uno de los momentos más emotivos fue escuchar a Doña Victoria Peraza, de la comunidad San Rafael Tasajera. Con orgullo, compartió cómo este proyecto le ha dado la oportunidad de trabajar en la limpieza del manglar, generar ingresos para su hogar y contribuir activamente al cuidado del ecosistema.

“Nosotras estamos orgullosas de pertenecer al proyecto La Cuenta del Mar. Ha traído beneficios para nuestras comunidades, para nuestra economía y para la naturaleza. Agradezco a Banco Agrícola y a Fundación Domenech por hacernos parte de este esfuerzo. No dudo que llegaremos muy lejos”, expresó emocionada Doña Victoria.

La labor de mujeres como ella es clave en la preservación de esta riqueza natural. Gracias a La Cuenta del Mar, se han generado nuevas oportunidades laborales que permiten a muchas mujeres salir del rol doméstico tradicional, acceder a independencia económica y convertirse en líderes del cambio en sus comunidades.

Naturaleza, arte y conciencia

La jornada también nos ofreció una experiencia artística: una exposición fotográfica que documenta el trabajo de restauración, las labores de recolección de curiles y las sonrisas de quienes, día a día, cuidan el manglar como si fuera una extensión de su hogar. Cada imagen, más que una foto, era un testimonio de dignidad, esfuerzo y amor por la tierra y el agua.

Además, conocimos los esfuerzos del nuevo programa de limpieza de playas, impulsado este año por Banco Agrícola, como parte de su estrategia de sostenibilidad. Este programa no solo protege los recursos marinos, sino que genera empleos directos para las comunidades locales.

“El apoyo de Banco Agrícola es un donativo que permite generar fuentes de empleo a las familias que trabajan en el manglar. Este año incorporamos un programa de limpieza de playas, donde también estamos promoviendo la sostenibilidad y la economía local”, explicó Mariluz Castellanos, Jefe de Marca de Banco Agrícola.

Un modelo replicable para El Salvador

La Cuenta del Mar demuestra que es posible armonizar la sostenibilidad ambiental con el bienestar social y económico. Esta alianza estratégica entre el sector privado y las comunidades locales es una semilla que florece en forma de manglar: resistente, generosa y vital.

La experiencia en el Estero de Jaltepeque nos recordó que proteger la naturaleza no es solo una responsabilidad ecológica, sino también una oportunidad de crecimiento y transformación para todo un país. Mientras las raíces del mangle se aferran a la tierra y purifican el agua, las comunidades se fortalecen y sueñan con un futuro más justo y verde.

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