La inteligencia artificial dejó de ser únicamente una promesa tecnológica para convertirse en un factor estructural del comercio internacional. En medio de la persistente tensión comercial entre Estados Unidos y China, la economía global está experimentando una transformación silenciosa pero profunda: la demanda de infraestructura digital se ha convertido en uno de los principales motores del crecimiento del intercambio de bienes.
De acuerdo con el informe Geopolitics and the Geometry of Global Trade: 2026 Update del McKinsey Global Institute, el comercio mundial de bienes creció 6,5% en 2025, alcanzando los 25 billones de dólares, incluso en un entorno marcado por mayores aranceles y fragmentación geopolítica.
El dato refleja un fenómeno clave: lejos de desacelerarse, el comercio global se está reconfigurando alrededor de nuevas industrias estratégicas..

De lo digital a lo físico: la nueva economía de la inteligencia artificial
Uno de los cambios más relevantes del último año es que la inteligencia artificial dejó de ser vista como un fenómeno exclusivamente digital. Su expansión está generando una fuerte demanda de activos físicos y cadenas de suministro complejas.
El informe destaca que el comercio global de hardware vinculado a IA —incluyendo chips, servidores y equipos de red— creció cerca de 40% interanual en 2025, aportando aproximadamente un tercio del crecimiento total del comercio mundial.
Este comportamiento confirma una tendencia estructural: la IA no reduce la economía material, la expande.
Los modelos avanzados requieren centros de datos de alta capacidad, sistemas de refrigeración industrial, redes de fibra óptica, transformadores eléctricos y un consumo energético cada vez mayor. En consecuencia, sectores como la energía, la manufactura tecnológica y la logística están ganando un protagonismo sin precedentes.
Infraestructura crítica: el nuevo eje del comercio global
El auge de la inteligencia artificial está reconfigurando las cadenas de valor globales. Durante 2025, Estados Unidos concentró cerca de la mitad de la nueva capacidad mundial de centros de datos, mientras que China aceleró inversiones en infraestructura tecnológica e industrial asociada.
Este reordenamiento está impulsando una competencia directa por recursos estratégicos como energía, semiconductores y capacidad de procesamiento, elementos que hoy determinan la competitividad económica de los países.
Lejos de la narrativa de “desmaterialización” de la economía digital, el escenario actual muestra lo contrario: la inteligencia artificial está impulsando una nueva economía intensiva en infraestructura física.
Comercio global en transformación, no en contracción
Otro hallazgo clave del informe es que la guerra comercial entre las dos principales economías del mundo no provocó una caída del comercio global, sino una redistribución de los flujos.
Aunque el intercambio bilateral entre Estados Unidos y China se redujo cerca de 30%, gran parte de ese volumen se reorientó hacia terceros mercados, generando nuevas rutas comerciales y socios estratégicos.
En lugar de una contracción del sistema, el comercio internacional está entrando en una fase de reconfiguración, donde la tecnología, la energía y la infraestructura digital se convierten en los nuevos ejes de crecimiento.