Los países de América Latina y el Caribe han fortalecido de forma progresiva sus capacidades en ciberseguridad durante los últimos cinco años; sin embargo, las desigualdades en inversión, talento especializado y coordinación entre sectores continúan exponiendo a la región a riesgos digitales cada vez más complejos. Así lo concluye el más reciente informe conjunto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización de los Estados Americanos (OEA).
El documento, titulado “Ciberseguridad 2025: Vulnerabilidad y desafíos de madurez para reducir brechas en América Latina y el Caribe”, fue desarrollado junto con el Global Cyber Security Capacity Centre de la Universidad de Oxford y presenta la evaluación más amplia realizada hasta ahora sobre el nivel de madurez en ciberseguridad en 30 países de la región. El análisis se apoya en el Modelo de Madurez de Capacidad en Ciberseguridad para Naciones (CMM, por sus siglas en inglés), que permite comparar avances tanto entre países como en distintos momentos del tiempo.
A partir de información recopilada directamente de los Estados miembros de la OEA, el estudio examina la evolución registrada entre 2020 y 2025 y evidencia mejoras generales en todas las áreas evaluadas. La medición se estructura en cinco dimensiones clave: política y estrategia; cultura y sociedad; educación, formación y competencias; marcos legales y regulatorios; y tecnología y estándares, ofreciendo además orientaciones prácticas dirigidas a tomadores de decisión del sector público, privado y de la sociedad civil.
Paula Acosta, jefa de la División de Capacidad Institucional del Estado del BID, destacó que la transformación digital en la región ha generado oportunidades económicas, pero también nuevos riesgos. “Si bien los promedios regionales muestran avances importantes, el informe deja claro que es necesario acelerar la inversión, fortalecer las capacidades operativas y mejorar la colaboración intersectorial para enfrentar amenazas cibernéticas cada vez más sofisticadas”, señaló.
Entre los principales hallazgos, el informe resalta un aumento sostenido en la madurez regional y una reducción gradual de las brechas entre países, lo que apunta a un desarrollo más equilibrado. No obstante, persisten retos significativos en ámbitos como la calidad del software, la protección de infraestructuras críticas y el desarrollo del mercado de ciberseguridad. A ello se suma la limitada inversión en investigación e innovación, así como la baja adopción de seguros cibernéticos.
El estudio también advierte sobre el impacto de la inteligencia artificial en el entorno digital. La rápida incorporación de esta tecnología está modificando el panorama de amenazas, amplificando riesgos existentes y generando nuevas vulnerabilidades, lo que exige actualizar con urgencia los marcos de gobernanza, estándares técnicos y capacidades institucionales.
Asimismo, el informe subraya que el liderazgo político y la integración de la ciberseguridad en las agendas de desarrollo nacional son factores determinantes para avanzar. Los países que promueven alianzas público-privadas y fortalecen su capacidad de absorción institucional muestran mejores condiciones para responder a incidentes y reducir brechas de madurez.
Iván Marques, secretario de Seguridad Multidimensional de la OEA, afirmó que los resultados reflejan una tendencia alentadora, pero también un desafío compartido. “La ciberseguridad es una responsabilidad colectiva. Desde la OEA continuaremos apoyando a los Estados miembros mediante cooperación técnica y trabajo conjunto para que el Hemisferio avance de manera coordinada”, indicó.
El Informe de Ciberseguridad 2025 constituye la tercera edición de este ejercicio regional, iniciado en 2016 y actualizado en 2020. Su elaboración reafirma la alianza estratégica entre el BID, la OEA y la Universidad de Oxford, y busca servir como una hoja de ruta para fortalecer la resiliencia digital de América Latina y el Caribe frente a un entorno de amenazas en constante evolución.

