El Salvador se prepara para recibir la residencia centroamericana de Shakira, un evento que no solo promete llenar estadios, sino también dinamizar de manera significativa la economía regional. Con cinco conciertos programados, se estima un impacto económico superior a los $25 millones, además de la generación de cientos de empleos temporales y un flujo masivo de turistas desde países vecinos.
El fenómeno del “turismo de conciertos” se consolida como un motor clave de la economía de servicios en la región, donde la ocupación hotelera, el consumo en restaurantes, el transporte y las actividades turísticas experimentan un repunte importante. Según datos del Sistema de Integración Turística Centroamericana (SITCA), casi la mitad de los turistas internacionales ingresan a El Salvador por vía terrestre, y reportes de CORSATUR indican que hasta octubre de 2025, el 55% de los 3.3 millones de visitantes internacionales llegó por carretera.

Empresas de transporte regional, como Autobuses Cristóbal Colón, parte del grupo MOBILITY ADO, ya activaron un plan especial desde diciembre pasado, con 12 frecuencias diarias entre Guatemala, El Salvador y Honduras, incluyendo servicios de lujo y económicos, para atender la alta demanda de viajeros durante los conciertos. “Estos movimientos reflejan cómo el turismo asociado a conciertos contribuye al dinamismo económico y a la conectividad regional”, señaló Josef Valdez, gerente comercial de la empresa para el Triángulo Norte.
Además, la preparación para recibir visitantes internacionales subraya la importancia de la documentación adecuada: Documento Único de Identidad (DUI) vigente para ciudadanos del CA-4, pasaporte con al menos seis meses de vigencia para turistas de otros países, y autorizaciones especiales para menores que viajen acompañados de terceros.
Con la llegada de Shakira, El Salvador no solo proyecta un incremento en la actividad económica, sino también fortalece su posicionamiento como destino turístico competitivo, capaz de integrar transporte, gastronomía, experiencias urbanas y hospitalidad. La residencia de la artista se convierte así en un catalizador económico que trasciende el entretenimiento y refuerza la conectividad regional.