Las zonas francas se han consolidado como uno de los principales motores de inversión, exportaciones y generación de empleo en América Latina. Impulsadas por el auge del nearshoring y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro, estas plataformas productivas están ganando relevancia en la estrategia de crecimiento de numerosos países de la región.
Un estudio de EY señala que América Latina cuenta con más de 800 zonas francas operativas y alrededor de 10,000 empresas instaladas bajo este régimen. En conjunto, estas operaciones generan exportaciones superiores a los USD $60,000 millones y más de 3.2 millones de empleos directos e indirectos.
El informe destaca que Centroamérica, Panamá y República Dominicana concentran el 77% de las zonas francas de la región. Esta alta participación posiciona al bloque como uno de los principales destinos para empresas que buscan acercar sus procesos productivos a mercados estratégicos.
Más allá de los incentivos fiscales
De acuerdo con EY, el valor de las zonas francas ha evolucionado en los últimos años. Hoy, su atractivo no depende únicamente de los beneficios tributarios, sino también de factores como la eficiencia logística, la disponibilidad de talento especializado y la capacidad de integrarse a cadenas globales de valor.
“Las zonas francas transforman la geografía económica de la región, conectando países con cadenas de valor más profundas y resilientes”, afirmó Antonio Ruiz, socio director de Impuestos y Legal de EY para Centroamérica, Panamá y República Dominicana.
La firma sostiene que este modelo permite a las empresas operar con mayor flexibilidad y responder de manera más eficiente a los cambios del comercio internacional.

Costa Rica y República Dominicana lideran el desarrollo del modelo
Costa Rica figura entre los países con mayor nivel de sofisticación en sus zonas francas. Según el estudio, hasta el 60% de las exportaciones costarricenses provienen de empresas instaladas bajo este régimen, principalmente en sectores como dispositivos médicos, manufactura avanzada, electrónica y servicios globales.
República Dominicana sobresale por el impacto económico de sus parques industriales. El informe indica que el retorno generado por las zonas francas multiplica varias veces los incentivos otorgados por el Estado. Además, el país mantiene una fuerte presencia en manufactura, dispositivos médicos, textiles, tabaco y servicios internacionales.
Panamá fortalece su papel logístico
Panamá continúa consolidándose como uno de los principales centros logísticos de América Latina. Sus zonas francas funcionan como plataformas para almacenamiento, distribución y comercio internacional, aprovechando la conectividad multimodal que ofrece el país.
Esta ventaja estratégica permite atender mercados de distintas regiones y fortalecer la posición panameña dentro de las cadenas globales de suministro.
El Salvador y Guatemala buscan ampliar oportunidades
En el caso de El Salvador, las zonas francas mantienen una fuerte vinculación con la industria textil y de confección. La manufactura representa cerca del 11% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que refleja su importancia para la actividad económica y el empleo.
Guatemala, por su parte, presenta oportunidades de crecimiento asociadas al nearshoring. Su base manufacturera, especialmente en textiles, le permite avanzar hacia una mayor integración con las cadenas regionales de producción.
Un ecosistema regional en expansión
El estudio concluye que la región no compite como un mercado homogéneo. Por el contrario, cada país aporta ventajas específicas en áreas como innovación, logística, escala productiva o eficiencia operativa.
En un contexto de relocalización de inversiones y cambios en el comercio mundial, las zonas francas continúan ganando protagonismo. Su capacidad para atraer empresas, impulsar exportaciones y generar empleo las posiciona como una de las principales herramientas para fortalecer la competitividad de América Latina durante los próximos años.