Durante años, Centroamérica ha intentado atraer inversión extranjera ofreciendo ubicación geográfica estratégica, mano de obra competitiva y acceso a mercados internacionales. Sin embargo, la economía mundial está cambiando de velocidad y la región empieza a ver nuevos panoramas y con ello, oportunidades y retos: es así como CoreNest impulsa startups e inversión en El Salvador.
Hoy, algunas de las empresas más valiosas del planeta no producen bienes físicos, ni poseen grandes infraestructuras y muchas, nacieron en una habitación, una universidad o una computadora portátil. Lo que producen es innovación y eso, abre paso a la gran pregunta que comienza a tomar fuerza: está Centroamérica, y en nuestro caso El Salvador, está preparada para competir en esa nueva economía.
Comercio y Negocios conversó con José Roberto Rodríguez, CEO de CoreNest Accelerator El Salvador, y su respuesta es sí, pero con una condición: la región debe dejar de ver la innovación como una tendencia y comenzar a construir un ecosistema que permita a las startups crecer, atraer inversión y expandirse a escala internacional.
“Centroamérica tiene algo que muchos mercados desarrollados ya no tienen: una enorme cantidad de problemas sin resolver. Y donde existen problemas, existen oportunidades para innovar”, afirma.
La declaración puede sonar provocadora, pero refleja una realidad económica que cada vez gana más fuerza en los ecosistemas tecnológicos del mundo.
Mientras muchas economías maduras han alcanzado niveles altos de digitalización y eficiencia, países centroamericanos continúan enfrentando desafíos en logística, inclusión financiera, educación tecnológica, acceso a servicios digitales y modernización empresarial.
Para un emprendedor tradicional, esos obstáculos representan dificultades; para una startup, representan oportunidades de mercado.
El nuevo mapa económico de la innovación
Desde su operación internacional, CoreNest Accelerator ha apostado por identificar proyectos capaces de resolver problemas reales mediante tecnología. La firma opera entre Estados Unidos, Dubái y ahora El Salvador, y cuenta con un fondo de inversión de 25 millones de dólares destinado a acelerar más de 300 startups.
Sin embargo, Rodríguez insiste en que el verdadero desafío no es encontrar emprendedores. “El talento existe. Las capacidades existen. Lo que muchas veces falta son las condiciones para que ese talento pueda construir empresas escalables sin verse obligado a migrar o buscar otros mercados”, afirmó.
La región enfrenta una paradoja. Cada año, miles de jóvenes se forman en áreas tecnológicas, negocios, ingeniería y desarrollo digital; sin embargo, gran parte de ese conocimiento termina generando valor fuera de Centroamérica.
La apuesta de CoreNest es justamente la contraria: convertir a la región en un espacio donde las ideas puedan desarrollarse, crecer y atraer inversión internacional sin abandonar su lugar de origen.
“Lo que queremos decirle al talento centroamericano es que no necesita irse para construir algo grande. Si tienes conocimiento, capacidades y una solución real, este puede ser el lugar para desarrollarla”, sostiene Rodríguez.
El problema no es el talento. Son las reglas.
A pesar del optimismo sobre el potencial regional, Rodríguez identifica una barrera que continúa limitando el crecimiento del ecosistema: la ausencia de marcos regulatorios modernos para startups e inversión de riesgo.
Y es aquí donde aparece uno de los temas más relevantes para el futuro económico de El Salvador.
Mientras países como Estados Unidos, Reino Unido, Singapur o Emiratos Árabes Unidos han construido estructuras legales específicas para facilitar la creación, financiamiento y expansión de empresas tecnológicas, gran parte de América Latina continúa utilizando modelos regulatorios diseñados para economías tradicionales.
“El inversionista internacional siempre hace la misma pregunta: ¿por qué debería invertir aquí? Y la respuesta no puede depender únicamente del talento. También debe existir certeza jurídica y mecanismos que faciliten la inversión”, explica.
Según Rodríguez, una legislación especializada para startups podría convertirse en uno de los mayores aceleradores de crecimiento para el país.
“Una figura legal clara para startups sería uno de los pasos más importantes que podría dar El Salvador. Facilitaría la llegada de capital, generaría confianza y permitiría que más proyectos puedan estructurarse correctamente desde el inicio”, afirma.
La discusión no es menor. En el mundo de las startups, los inversionistas analizan aspectos como estructuras societarias, protección de propiedad intelectual, mecanismos de inversión, incentivos fiscales, facilidad para levantar capital y procesos de salida para los inversionistas.
Sin esas condiciones, muchos fondos prefieren colocar sus recursos en mercados donde las reglas ya están definidas.

Una región fragmentada que podría convertirse en un mercado único
Otro de los desafíos identificados por CoreNest es la fragmentación regional. Aunque Centroamérica comparte vínculos históricos, culturales y comerciales, expandir una empresa entre países continúa siendo un proceso complejo.
“Todavía tenemos barreras regulatorias, diferencias normativas y procesos que encarecen la expansión. Eso limita la velocidad con la que una startup puede crecer”
José Roberto Rodríguez, CEO CoreNest
Para CoreNest, esos desafíos representan una oportunidad extraordinaria para la innovación. “Las startups nacen precisamente para resolver problemas. Si la región tiene problemas de integración, logística o acceso a servicios, entonces ahí existe una oportunidad de negocio”, afirma.
La visión de la aceleradora es impulsar compañías que nazcan pensando regionalmente desde el primer día y no únicamente en sus mercados locales.
Tres industrias que pueden transformar Centroamérica
Cuando le consultamos sobre dónde están las mayores oportunidades de crecimiento, Rodríguez identifica tres sectores con capacidad de transformar profundamente la economía regional.
El primero es la logística. “El comercio electrónico no puede crecer si los productos no llegan rápido y eficientemente. Estados Unidos logró desarrollar gigantes como Amazon porque resolvió primero el problema logístico”, señala.
El segundo sector es la tecnología financiera. Millones de personas en América Latina permanecen fuera del sistema bancario tradicional o enfrentan dificultades para acceder a crédito, ahorro y herramientas digitales. “La inclusión financiera sigue siendo una enorme oportunidad. La tecnología puede acercar servicios financieros a personas que históricamente han quedado fuera del sistema”, sostiene.
El tercer eje es la educación tecnológica. Para Rodríguez, el desafío no consiste únicamente en formar programadores. “Necesitamos que más personas entiendan cómo funciona la innovación, la inteligencia artificial, los modelos digitales y las nuevas tecnologías. El conocimiento será una de las ventajas competitivas más importantes de los próximos años”, afirma.
Existe un reto cultural que definirá el futuro
Más allá de los fondos de inversión, las leyes o la tecnología, Rodríguez considera que la transformación más importante es cultural. Durante décadas, gran parte de la región ha sido educada para buscar estabilidad laboral.
Las startups exigen una lógica diferente. Requieren asumir riesgos, experimentar, equivocarse y adaptarse rápidamente. “Una startup no busca crecer poco a poco. Busca crecer rápido, resolver un problema de forma escalable y generar valor para usuarios e inversionistas. Es una mentalidad completamente distinta”, explica.
Por lo anterior, considera que el futuro del ecosistema tecnológico dependerá tanto de la educación como de la inversión.
“El país va a cambiar cuando más personas estén dispuestas a construir nuevos modelos de negocio, cuando pierdan el miedo al fracaso y entiendan que innovar también es una forma de generar desarrollo”, afirma.

En este contexto hay una oportunidad que Centroamérica no debería dejar pasar: la inteligencia artificial, la digitalización y la transformación tecnológica están redefiniendo la economía global a una velocidad sin precedentes.
Por tanto, Centroamérica enfrenta una decisión estratégica; puede continuar siendo consumidora de innovación creada en otros mercados o puede comenzar a construir sus propias soluciones para competir globalmente.
Durante décadas, Centroamérica ha exportado personas en busca de oportunidades. El siguiente paso debería ser exportar empresas creadas por ese mismo talento. Pero para lograrlo, no bastará con tener emprendedores dispuestos a asumir riesgos. También será necesario construir las condiciones legales, financieras y culturales para que innovar deje de ser una excepción y se convierta en una estrategia de país.

