La posibilidad de reactivar la minería metálica en El Salvador ha reabierto un intenso debate en el país, luego de que el presidente Nayib Bukele asegurara que el territorio salvadoreño cuenta con depósitos de oro de alta densidad, potencialmente valorados en más de $3 billones. Esta cifra, basada en estudios realizados en solo el 4 % del área potencial, representa más del 8,800 % del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Sin embargo, este tema genera opiniones divididas entre los beneficios económicos prometidos y los riesgos ambientales asociados.
La historia minera de El Salvador se remonta a principios del siglo XX con la mina de oro San Sebastián, que pasó de la minería artesanal a la industrial en la década de 1970 bajo la gestión de Commerce Group Corp. Sin embargo, el conflicto armado durante los años 80 y la posterior oposición comunitaria, como en el caso de Chalatenango en 2005, frenaron el desarrollo de esta actividad. En 2017, el país se convirtió en el primero del mundo en prohibir la minería metálica debido a sus impactos negativos en el medio ambiente, especialmente en los recursos hídricos.

La propuesta de Bukele plantea un giro significativo. Según el mandatario, los ingresos generados por la explotación minera podrían financiar infraestructura clave para el país, lo que representaría una oportunidad única para revitalizar la economía. No obstante, organizaciones ambientalistas y expertos advierten sobre los riesgos de contaminación de ríos y suelos, afectaciones a la biodiversidad y posibles conflictos sociales.
En 2021, la creación de un regulador minero generó especulación sobre un eventual cambio en la legislación. El arresto de activistas antiminería en 2023 incrementó las tensiones, alimentando las sospechas de un posible retorno de la minería metálica.
El futuro de la minería en El Salvador dependerá de un delicado equilibrio entre las promesas económicas y la preservación del medio ambiente. Mientras algunos ven en el oro una solución para el desarrollo, otros recuerdan los costos irreversibles que podría acarrear para las generaciones futuras. ¿Qué rumbo tomará el país? La decisión marcará un precedente histórico para una nación en busca de un balance entre progreso y sostenibilidad.


