El mercado de la ropa en El Salvador está experimentando un cambio estructural relevante: la ropa de segunda mano ya no es un segmento marginal, sino que se consolida como un componente clave del consumo nacional. Un estudio de Full Cycle Resource Consulting para Garson & Shaw LLC revela que este tipo de prendas ya representa el 31.1% de las importaciones totales de vestuario.
El informe detalla que entre 2019 y 2023 las importaciones de ropa usada crecieron 10.8%, en un contexto marcado por transformaciones económicas, inflación y ajustes en el poder adquisitivo de los hogares salvadoreños.
En 2019, El Salvador importó 63.3 millones de libras de ropa usada, equivalente al 21.6% del mercado. En contraste, la ropa nueva dominaba con 229.1 millones de libras (78.4%).
Sin embargo, para 2023 el escenario cambió significativamente: la ropa nueva cayó a 155 millones de libras (68.9%), mientras que la ropa usada aumentó a 70.2 millones de libras, elevando su participación al 31.1% del mercado total.
Un dato clave del estudio es la fuerte dependencia del país hacia Estados Unidos, que suministra entre el 96% y el 99% de toda la ropa de segunda mano que ingresa al mercado salvadoreño.

¿Por qué está pasando esto?
El análisis relaciona este comportamiento con tres factores estructurales:
- Inflación postpandemia que llegó a un pico de 7.25%
- Alta informalidad laboral cercana al 65%
- Reasignación del gasto familiar hacia necesidades básicas
Esto ha provocado que la ropa usada deje de ser una alternativa temporal y se convierta en una solución permanente de consumo para amplios sectores de la población.
El mercado de vestuario en El Salvador refleja así una transformación silenciosa pero profunda: la economía del ahorro y la reutilización gana terreno en un contexto donde el ingreso disponible continúa presionado y la inflación reconfigura los hábitos de consumo.


