“Las métricas económicas no te acompañan al supermercado. La gente no come productividad ni paga el alquiler con el PIB”. Esta frase que leí esta mañana en el NewsLetter – The Morning: The economy is a feeling, The New York Times, me suena cierta… pero también me resonó en mi corazoncito, recordándome un eterno problema de El Salvador: la economía no es explicada y está mal contada.
Sí, nadie paga el alquiler, los impuestos o la cuota de la casita que sacó con el Fondo con el Producto Interno Bruto del país. Mucho menos, cuando me llama el banco, puedo explicarles la lógica de la caja chica de un emprendedor, ni salirles con la estadística de la escases de espacios de trabajo estable para un CV como el mío.
Sin embargo, el PIB, la inflación, las tasas de interés y las finanzas públicas de El Salvador sí moldean mi vida cotidiana y la tuya también, aunque no te importe o no lo entiendas. Cuando esos grandes números suben o bajan, tu dinero se estira más o menos en el mercado, en el restaurante, en la farmacia o en los pagos del mes y hasta en esa salidita del fin de semana. Entonces sí, la economía sí va al super: el PIB, la inflación y los datos macro impactan tu bolsillo.

“La gente no come PIB, pero vive dentro de esta métrica todos los días, incluso cuando no lo nota.”
Rosy Mixco – Directora Ejecutiva de Media Hub
Veamos algunos datos que ilustran esto y me voy a ir hasta dos años atrás:
- En 2024, el PIB de El Salvador alcanzó 35.36 mil millones de dólares, un récord histórico que refleja la producción de bienes y servicios de todo el país. No es secreto que la política de seguridad del Presidente Bukele ha creado condiciones para que el flujo de la economía funcione más. El cambio en el entorno de seguridad impactó en varios frentes concretos: mayor actividad comercial, reducción de costos invisibles como la extorsión, confianza para invertir, etc. (ese rollo ya te lo sabes).
- El crecimiento económico real, que mide cuánto aumentó la producción, ha sido cercano al 5.1 % en 2025, impulsado por sectores como construcción y servicios… sí, ese montón de edificios que ves por todos lados.
- La inflación permanece baja, por debajo de 1%, aunque esto no siempre se traslada igual a todos los precios en tu canasta familiar y el desempleo ronda niveles moderados, pero la informalidad sigue siendo un desafío real para generar ingresos estables.
Ahora bien, ¿Qué significan estos números para ti? y sobre todo, ¿Cómo se cómo esto?
- Un PIB en crecimiento puede traducirse en más negocios abiertos, más proyectos en marcha y más necesidad de gente trabajando: desde construcción hasta comercio y tecnología. Y si ese crecimiento logra atraer empresas más especializadas o incluso transnacionales, ahí se abre otra puerta para mejores empleos, pero también hay más competencia.
- Lo anterior ayuda a las tazas de desempleo, pero no basta con querer trabajar bebe; toca prepararse, actualizar el currículum, aprender nuevas habilidades, bajarle al ego y ser resiliente. La economía puede abrir oportunidades, pero cada persona decide si está lista para tomarlas.
- Una inflación baja quiere decir que los precios no están subiendo de forma acelerada. Para una familia, esto se siente cuando el salario no pierde valor tan rápido, cuando los ahorros en el banco no se evaporan mes a mes y cuando planificar gastos es un poco más predecible, aunque no resuelve problemas estructurales en el comercio informal… eso aún no está resuelto.
Métricas claras, ciudadanos claros con valor.
Cuando una economía se comunica con cifras claras y explicadas, las personas pueden tomar mejores decisiones; una familia puede decidir si endeudarse o no, un emprendedor puede evaluar si es buen momento para invertir y una empresa puede planificar su crecimiento, hasta en el nivel de empleabilidad. Es decir, el sistema completo encuentra el valor de poder ordenar sus finanzas.
El reto no es ignorar las métricas. El reto es traducirlas para que cada persona comprenda cómo le afectan los grandes números… incluso cuando va al mercado o al súper… no basta con decir frases trilladas como: «hay no, es que todo está caro»… y luego proceder a pagar con la tarjeta de crédito.
La deuda eterna salvadoreña: educación en finanzas públicas entendibles.
Dicho todo esto, no es que las grandes cifras económicas no sirvan a la ciudadanía; es que muchas veces olvidamos que esas cifras existen porque la ciudadanía les da contenido. El PIB, la inflación, el empleo o la deuda pública no son números aislados que aparecen en discursos oficiales por conveniencia política: se construyen con el trabajo, el consumo y las decisiones de millones de personas, incluyendo las que no generan plata.
La macroeconomía no está separada de la vida cotidiana; la resume y la ordena para la interpretación de los financieros y economistas. Por eso, comprenderla, aunque sea en sus elementos básicos, no es un lujo técnico, sino una herramienta de participación ciudadana informada.
De ahí la importancia de un llamado claro: cuando escuchemos estas cifras en boca de nuestros diputados, funcionarios públicos o del mismo presidente de la República, no basta con aplaudirlas o rechazarlas automáticamente. Es necesario preguntarnos qué significan, cómo se comparan, qué efectos reales tienen y a quiénes benefician.
Las métricas macroeconómicas son instrumentos de explicación y también de rendición de cuentas. Analizarlas con criterio, contexto y comprender su impacto es parte de una ciudadanía madura… porque la economía no se come, es cierto; pero se vive, se construye y también se evalúa. Y entenderla es una forma concreta de ejercer ciudadanía responsable y ahí entenderemos que la economía sí va al super: el PIB, la inflación y los datos macro impactan tu bolsillo.

