El informe Perspectivas Económicas Mundiales 2026 advierte que, aunque la economía global ha mostrado resiliencia, los mercados emergentes y en desarrollo siguen rezagados. El diseño de las políticas fiscales y la capacidad institucional serán claves para sostener el crecimiento y generar empleo.
El informe Perspectivas económicas mundiales 2026 del Banco Mundial incorpora por primera vez un análisis integral sobre las normas fiscales en las economías en desarrollo, y sus efectos en el crecimiento, la inversión y la resiliencia macroeconómica. El estudio concluye que las reglas fiscales bien diseñadas están asociadas con un mayor crecimiento económico, un incremento de la inversión privada, sectores financieros más estables y una mayor capacidad de los países para enfrentar crisis y reconstruir amortiguadores de política.
No obstante, el organismo multilateral advierte que las reglas fiscales, por sí solas, no garantizan estabilidad ni crecimiento sostenido. El impacto real depende de factores como su diseño técnico, la fortaleza de las instituciones que las aplican y, especialmente, del compromiso político para cumplirlas en el tiempo. En contextos de alta volatilidad externa, reglas mal diseñadas o sin respaldo institucional pueden incluso profundizar vulnerabilidades fiscales.

Resiliencia global, pero con brechas persistentes
A nivel global, la economía mundial ha demostrado una notable resiliencia pese al aumento de las tensiones comerciales y la incertidumbre política. El crecimiento registrado el último año superó las expectativas y consolidó la recuperación tras la recesión de 2020, considerada la más profunda de las últimas seis décadas. Este desempeño estuvo impulsado por un repunte del comercio exterior —en parte anticipando mayores aranceles—, la adaptación de las cadenas de suministro, un aumento de la inversión vinculada a proyectos de inteligencia artificial y condiciones financieras relativamente holgadas, favorecidas por un fuerte apetito por el riesgo.
Sin embargo, esta recuperación ha sido desigual. Más de una cuarta parte de las economías de mercados emergentes y en desarrollo aún registran ingresos per cápita por debajo de los niveles prepandemia, lo que limita su capacidad para reducir pobreza y generar empleo de calidad. Para 2026, el Banco Mundial proyecta que el crecimiento mundial se desacelere hasta el 2,6 %, reflejando la reducción en la acumulación de inventarios por parte de las empresas y la materialización de los efectos de los aranceles al comercio exterior.

El desafío del empleo juvenil
Uno de los principales retos estructurales que identifica el informe es la generación de empleo. Se estima que alrededor de 1,2 mil millones de jóvenes alcanzarán la edad de trabajar en 2035 en las economías emergentes y en desarrollo, en un contexto de menor dinamismo global y mayores restricciones fiscales. Sin reformas profundas, advierte el Banco Mundial, será cada vez más difícil absorber esta fuerza laboral y evitar un deterioro social.
En este escenario, el organismo subraya la necesidad de mejorar el entorno comercial, aliviar las restricciones de financiamiento y mitigar los riesgos climáticos. A ello se suman reformas internas orientadas a diversificar el comercio, fortalecer los marcos de política macroeconómica y eliminar cuellos de botella estructurales que frenan la productividad y la inversión privada.
Perspectivas regionales: crecimiento dispar
Las proyecciones para 2026–2027 muestran un desempeño heterogéneo entre regiones. En Asia oriental y el Pacífico, el crecimiento se desaceleraría al 4,4 % en 2026 y al 4,3 % en 2027. Europa y Asia central mantendrían un crecimiento moderado del 2,4 % en 2026, con una leve mejora al 2,7 % en 2027.
América Latina y el Caribe, una de las regiones con menor dinamismo, crecería 2,3 % en 2026 y 2,6 % en 2027, reflejando limitaciones estructurales y elevadas vulnerabilidades fiscales. En contraste, Oriente Medio y Norte de África —incluidos Afganistán y Pakistán— mostrarían un repunte hasta el 3,6 % en 2026 y 3,9 % en 2027. Asia meridional seguiría liderando el crecimiento global, aunque con una desaceleración temporal al 6,2 % en 2026, antes de recuperarse al 6,5 % en 2027. África subsahariana, por su parte, alcanzaría un crecimiento del 4,3 % en 2026 y 4,5 % en 2027.
Riesgos a la baja y llamado a la cooperación
El Banco Mundial advierte que los riesgos para la economía mundial siguen sesgados a la baja. Entre ellos destacan un mayor endurecimiento de las barreras comerciales, tensiones en los mercados financieros, altos niveles de endeudamiento público, conflictos geopolíticos y shocks asociados al clima y la salud pública.
Frente a este panorama, el informe concluye que la combinación de reglas fiscales creíbles, instituciones sólidas, cooperación internacional y reformas domésticas será determinante para sostener el crecimiento a largo plazo. Para las economías emergentes y en desarrollo, el desafío no es solo crecer, sino hacerlo de forma inclusiva y resiliente en un entorno global cada vez más incierto.


