La agencia calificadora Fitch Ratings confirmó la nota de deuda soberana de largo plazo en moneda extranjera de El Salvador en ‘B-’ con perspectiva estable, a la vez que asignó una calificación de recuperación ‘RR4’, en el marco de la implementación de su nuevo enfoque metodológico presentado en septiembre de 2025. La actualización coloca al país fuera de la observación especial de criterios (UCO, por sus siglas en inglés) e introduce, por primera vez, un análisis explícito de recuperación ante escenarios hipotéticos de incumplimiento.
Este nuevo modelo incorpora variables orientadas a medir la capacidad de un país para hacer frente a sus obligaciones en situaciones de estrés financiero. En el caso salvadoreño, Fitch determinó que la deuda senior no garantizada continúa alineada con la calificación soberana, debido a que se proyecta un nivel de recuperación promedio en caso de impago. Según la firma, este resultado se sostiene en dos factores principales: el alto volumen de endeudamiento —que podría cerrar 2024 alrededor del 87 % del PIB— y la inexistencia de elementos adicionales que mitiguen el riesgo crediticio estructural del país.

La ratificación, aunque evita un deterioro inmediato en la nota soberana, también subraya los desafíos persistentes en el panorama fiscal salvadoreño. Analistas destacan que el nivel de deuda pública continúa limitando el espacio de maniobra del Gobierno, especialmente en un contexto en el que las necesidades de financiamiento siguen siendo elevadas. La perspectiva estable, sin embargo, sugiere que Fitch no anticipa cambios abruptos en el perfil crediticio en el corto plazo, siempre que el país mantenga un acceso razonable a fuentes de financiamiento y no se produzcan shocks externos significativos.
El reporte también se interpreta como un llamado a fortalecer la sostenibilidad fiscal a mediano plazo. Para economistas consultados, el nuevo criterio de recuperación revaloriza la importancia de mejorar la estructura de vencimientos, ampliar la base de ingresos y contener el crecimiento del gasto. En la práctica, la evaluación de Fitch deja claro que El Salvador enfrenta el reto de equilibrar su estrategia de financiamiento con medidas que reduzcan la vulnerabilidad frente a escenarios de tensión.
Si bien la confirmación de la calificación evita un golpe reputacional, el país continúa bajo la atención de los mercados. La evolución de la deuda, el manejo fiscal y la capacidad para sostener el servicio de obligaciones seguirán siendo determinantes para futuras revisiones. En un entorno global más exigente, El Salvador deberá demostrar consistencia en sus políticas económicas para mejorar gradualmente su posición crediticia.


