El desempeño del sector exportador guatemalteco apunta a una expansión moderada en el corto y mediano plazo, impulsada principalmente por los servicios y algunos segmentos industriales, aunque condicionada por factores internos y externos que siguen presionando la competitividad del país. Las proyecciones para 2025 y 2026 reflejan un crecimiento positivo, pero lejos de su potencial pleno si no se atienden cuellos de botella históricos.
Según el estudio Proyecciones y Estimaciones para las exportaciones 2025 y 2026, elaborado por la Asociación Guatemalteca de Exportadores (AGEXPORT), el país cerraría 2025 con un incremento del 6 % en sus exportaciones totales, que sumarían alrededor de USD 18,781 millones. Para 2026, el crecimiento esperado sería de 5 %, con base en información del Banco de Guatemala y análisis sectoriales.
Uno de los motores más dinámicos sigue siendo el sector de servicios, que durante 2025 mostró un desempeño al alza y podría mantener una expansión cercana al 8 % en 2026. No obstante, desde AGEXPORT advierten que este ritmo dependerá de la capacidad del país para resolver temas clave vinculados a la competitividad. Entre ellos destacan la infraestructura, los costos laborales y el entorno externo, particularmente el régimen arancelario que aún deja fuera a cerca del 30 % de los productos de los beneficios de tasas cero.

El panorama exportador también revela presiones acumuladas que han limitado la capacidad de Guatemala para competir en mercados internacionales. La volatilidad climática y los choques externos continúan afectando al sector agrícola, especialmente a cultivos sensibles como legumbres y hortalizas. A esto se suman los elevados costos logísticos, derivados de infraestructura deficiente, congestión portuaria y tarifas navieras, que reducen el margen de maniobra frente a economías con cadenas de suministro más eficientes.
En el ámbito interno, los incrementos en los costos operativos han ganado peso. El ajuste al salario mínimo en 2025, junto con mayores costos de energía y el deterioro de la infraestructura, han impactado directamente en la estructura de costos de las empresas exportadoras. Asimismo, sectores intensivos en mano de obra, como vestuario y textiles, han mostrado una pérdida de dinamismo que incide en el empleo y la generación de divisas.
Desde la perspectiva empresarial, estos factores representan un riesgo para la atracción de inversión y la sostenibilidad del empleo. El aumento de costos no acompañado de mejoras en productividad, ya sea por ajustes salariales o por aranceles imprevistos, reduce la ventaja competitiva del país y obliga a las empresas a enfrentar mayores dificultades para posicionarse en el exterior.
De cara a 2026, el crecimiento proyectado confirma que el sector exportador seguirá siendo un pilar relevante de la economía guatemalteca. Sin embargo, su capacidad para acelerar el ritmo dependerá de avances concretos en competitividad, logística y políticas que permitan aprovechar mejor las oportunidades del comercio internacional y mitigar los riesgos que hoy limitan su desempeño.


