El cierre del estrecho de Ormuz y la tensión en Oriente Medio generan alarma sobre el abastecimiento de hidrocarburos en El Salvador, un país que depende completamente de la importación de combustibles. Según datos del Banco Central de Reserva (BCR), en 2025 las importaciones de productos del capítulo 27 del Sistema Arancelario Centroamericano, que incluyen combustibles minerales, aceites y derivados, alcanzaron los $2,393 millones.
El 86% de estos productos proviene de Estados Unidos, mientras que Ecuador y Canadá aportan alrededor del 2% cada uno, y países como Nigeria, Trinidad y Tobago, Panamá y Guatemala cubren porcentajes mínimos. Aunque El Salvador no compra directamente al Medio Oriente, la volatilidad global impacta en los precios locales.
“Somos tomadores de precios”, explica Luis Barrios, director ejecutivo de la Asociación Salvadoreña de Distribuidores de Productos de Petróleo (ASDPP). Barrios añade que cualquier afectación al suministro mundial influye directamente en el costo del crudo.
El estrecho de Ormuz concentra aproximadamente el 20% de la demanda petrolera global, principalmente hacia Asia. Hakan Kaya, gestor sénior de Neuberger Berman, advirtió que un cierre parcial puede ser absorbido, pero un bloqueo prolongado por más de un mes podría disparar los precios del crudo, actualmente cerca de $75.2 el barril de West Texas Intermediate (WTI), casi $10 más que hace una semana.
El efecto se traslada rápidamente a la economía salvadoreña. Nigel Green, CEO de deVere, señala que el aumento en los precios del petróleo repercute en transporte, logística, producción de alimentos y energía doméstica, elevando la inflación y afectando decisiones de precios de las empresas.


