El sector agropecuario salvadoreño intensifica medidas de adaptación climática con la expansión de sistemas de riego y la aceleración de la siembra de maíz, ante la amenaza del fenómeno “Súper Niño”, que podría alterar el régimen de lluvias y presionar la producción de granos básicos en el país.
Infraestructura hídrica como eje de respuesta productiva
El Viceministerio de Agricultura y Ganadería informó que el Gobierno está ejecutando una estrategia para fortalecer la producción agrícola en un escenario de incertidumbre climática, mediante la ampliación de infraestructura hídrica en distintas zonas del territorio nacional.
El plan incluye la perforación de pozos, instalación de punteras y la entrega de sistemas de riego móviles, con el objetivo de sostener el ciclo productivo del maíz y el frijol, considerados pilares de la seguridad alimentaria.
Las autoridades señalaron que estas acciones forman parte del Programa de Aumento a la Producción, el cual busca articular esfuerzos entre el sector público, productores organizados y cooperativas agrícolas para reducir el impacto de la variabilidad climática.

Sector agrícola advierte impacto por estrés hídrico
En paralelo, la Mesa Agropecuaria, Rural e Indígena alertó que las condiciones de estrés hídrico ya están afectando diversas zonas productivas del país, generando presión sobre la actividad agrícola en el inicio del ciclo de siembra.
El coordinador de la gremial, Mateo Rendón, explicó que se han establecido alrededor de 50,000 manzanas de cultivo, de las cuales el 70% corresponde a maíz y el 30% a frijol.
Según detalló, las áreas con mayor afectación se concentran en el norte y sur del departamento de Ahuachapán, donde las condiciones climáticas han comenzado a incidir en el desarrollo de los cultivos.
Flexibilización hídrica y medidas de emergencia en el campo
El sector también destacó que la Autoridad Salvadoreña del Agua (ASA) ha habilitado medidas para facilitar el acceso al recurso hídrico, permitiendo la perforación de punteras y pozos sin procesos de autorización previos, además del uso de fuentes como ríos, lagos, presas y distritos de riego.
Estas disposiciones buscan agilizar la respuesta productiva frente a un escenario climático considerado adverso, en el que la disponibilidad de agua se vuelve un factor determinante para la estabilidad del agro.
El avance de estas medidas refleja un ajuste estructural en el modelo de producción agrícola, donde la inversión en riego y la gestión del recurso hídrico se consolidan como variables clave para sostener la oferta de granos básicos y mitigar el impacto económico del cambio climático en El Salvador.


