China fijó este miércoles su meta de crecimiento «en torno a un 5 %» por tercer año consecutivo y avanzó asimismo que elevará en un punto hasta «alrededor del 4 %» su déficit fiscal en el marco de los esfuerzos del Gobierno por reavivar la recuperación económica.
Así lo reveló hoy el primer ministro del país, Li Qiang, durante la sesión inaugural de la Asamblea Nacional Popular (ANP, Legislativo), la cita política más importante del año en el gigante asiático.
Si bien últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) pasan por un avance del 4,6 % y del 4,5 %, respectivamente, para el producto interior bruto (PIB) de China en 2025, la mayoría de analistas coincidían en que Pekín volvería a situar en cerca de un 5 % su objetivo para el año.
«El objetivo está bien alineado con nuestros objetivos de desarrollo a medio y largo plazo, y subraya nuestra determinación de afrontar las dificultades de frente y luchar duro por cumplir lo prometido», explicó el mandatario.

Más apoyo fiscal y monetario
Durante su lectura del informe de trabajo gubernamental, Li desgranó detalles sobre una política fiscal «más proactiva» que permita «ofrecer un apoyo sostenido y más efectivo», con la emisión de 1,3 billones de yuanes (178.925 millones de dólares/168.549 millones de euros) en bonos del tesoro de duración ‘ultralarga’ para financiar estrategias nacionales y aumentar capacidad en áreas clave.
Asimismo, se destinarán 4,4 billones de yuanes (605.594 millones de dólares/570.663 millones de euros) a bonos especiales para que los gobiernos regionales y locales del país inviertan en construcción, compra de terrenos y viviendas sin vender en el marco de la prolongada crisis inmobiliaria, así como para saldar deudas.
En total, recalcó Li, el Gobierno elevará en 2,9 billones de yuanes (399.141 millones de dólares/376.119 millones de euros) la nueva deuda emitida hasta unos 11,86 billones de yuanes (1,63 billones de dólares/1,54 billones de euros), lo que «permitirá un nivel de gasto notablemente superior».
Acerca de la política monetaria, después de que Pekín avanzase a finales de año el primer giro hacia una «moderadamente flexible» tras 14 años de postura «prudente», el primer ministro prometió «nuevos instrumentos estructurales» que presten apoyo al sector inmobiliario o a los mercados de valores.
Temor a la deflación
Li también reveló una meta oficial del 2 % para el índice de precios al consumidor (IPC, principal indicador de la inflación), avanzando que lograrlo «no será fácil» incluso pese a que supone una rebaja de un punto porcentual con respecto a la del año pasado, cuando creció un exiguo 0,2 %, avivando los temores a la deflación.
Además, se espera mantener la tasa de desempleo en zonas urbanas por debajo del 5,5 % y crear 12 millones de nuevos puestos de trabajo en esas áreas, sin cambios en ambos objetivos con respecto a los de 2024.
Otras de las metas que Li reveló hoy fueron la consecución de un «equilibrio básico» en la balanza de pagos, una producción de grano que ronde los 700 millones de toneladas o una reducción del 3 % en el consumo de energía por unidad de PIB.
El informe habla también de impulsar la demanda nacional, reconociendo que «la demanda efectiva es débil y el consumo, en particular, está aletargado», y proponiendo generarla «mediante una oferta de alta calidad». Pekín aportará unos 300.000 millones de yuanes (41.290 millones de dólares/38.905 millones de euros) en bonos para financiar el ‘plan renove’ de electrodomésticos o electrónica.
Según las cifras oficiales, la segunda economía mundial cumplió con el objetivo al crecer un 5 % en 2024, pero los analistas siguen apuntando a problemas como la baja demanda nacional e internacional, los riesgos de deflación, unos estímulos insuficientes, una crisis inmobiliaria que no ha tocado fondo o la falta de confianza en el seno de los consumidores y el sector privado.