La economía mundial comienza a sentir con mayor fuerza los efectos derivados de la crisis energética provocada por la guerra en Irán, un conflicto que ya se extiende por casi dos meses y que está reconfigurando las expectativas de crecimiento, inflación y estabilidad de los mercados.
Las fábricas enfrentan un aumento acelerado en los costos de producción, mientras que la actividad económica también muestra señales de debilitamiento en el sector servicios, de acuerdo con recientes encuestas internacionales publicadas este jueves.

Resiliencia global bajo presión
Aunque la economía mundial ha mostrado cierta capacidad de resistencia frente a la mayor interrupción del suministro energético en la historia reciente, los efectos secundarios del conflicto empiezan a consolidarse.
El incremento de los precios de la energía está impulsando la inflación en múltiples regiones, generando preocupación sobre la seguridad alimentaria y llevando a organismos y analistas a revisar a la baja sus proyecciones de crecimiento económico global.
Eurozona: caída de la actividad
En Europa, los datos reflejan un deterioro más evidente. Las encuestas de S&P Global a gerentes de compras revelan que la actividad en la eurozona se ha debilitado de forma significativa.
El índice compuesto de la región cayó de 50.7 en marzo a 48.6 en abril, lo que indica una contracción económica al situarse por debajo del umbral de 50 puntos.
El impacto también se observa en los precios: el índice de costos de insumos se disparó a 76.9 desde 68.9, evidenciando una fuerte presión sobre los costos de producción en la industria.
En paralelo, el sector servicios —clave en la economía del bloque— descendió a 47.4 desde 50.2, quedando por debajo de las previsiones del mercado.
“La eurozona se enfrenta a crecientes problemas económicos derivados de la guerra en Oriente Medio”, advirtió Chris Williamson, economista jefe de S&P Global. Agregó que la escasez de suministros “amenaza con frenar aún más el crecimiento y presionar al alza los precios”.

Estados Unidos: actividad con señales mixtas
En contraste, Estados Unidos mostró una mejora moderada en su actividad económica, aunque con señales de tensión similares a las observadas en Europa.
El indicador de S&P Global reflejó un comportamiento mixto, con compras anticipadas por temor a la escasez de suministros y un incremento de presiones inflacionarias vinculadas al conflicto.
Los tiempos de entrega y los precios de producción alcanzaron sus niveles más altos desde la crisis de la cadena de suministro y la inflación posterior a la pandemia de COVID-19.
El PMI manufacturero subió a 54.0, su nivel más alto en 47 meses, mientras que el sector servicios repuntó a 51.3, saliendo de la contracción registrada el mes anterior.
Sin embargo, los analistas advierten que este repunte no necesariamente refleja fortaleza económica sostenida.
“El PMI de abril es coherente con una economía que lucha por crecer por encima del 1% anualizado”, explicó Williamson, señalando que el sector servicios sigue siendo el principal freno.
Perspectiva global
El escenario internacional apunta a una economía bajo presión, donde la combinación de conflicto geopolítico, encarecimiento energético y tensiones en las cadenas de suministro está redefiniendo las expectativas para los próximos meses.


