El Salvador cerró 2025 con una factura alimentaria superior a los $3,294.1 millones, consolidando una tendencia de mayor dependencia de los mercados internacionales para abastecer su consumo interno. De acuerdo con datos del Banco Central de Reserva (BCR), el monto importado fue 2.2 veces mayor que el valor exportado en la misma categoría, ampliando el déficit comercial en alimentos.
El informe de comercio exterior del BCR, que agrupa desde vegetales frescos hasta productos procesados, detalla que el 40 % de las compras externas se concentró en preparaciones comestibles y cereales, dos rubros clave en la dieta y en la estructura de costos de la industria alimentaria local.
Exportaciones crecen en valor, pero caen en volumen
Al cierre de 2025, las exportaciones salvadoreñas de alimentos alcanzaron $1,478.6 millones, un incremento de $77.16 millones (5.5 %) frente a los $1,401.4 millones reportados en 2024. Sin embargo, el volumen exportado se redujo 4.5 %, al totalizar 1,389.4 millones de kilogramos.
La divergencia entre valor y volumen sugiere un efecto precio en los mercados internacionales, con mayores ingresos por tonelada exportada, pese a una menor cantidad despachada.
Importaciones crecen a doble dígito
Las importaciones, en contraste, aumentaron $378.1 millones respecto a 2024, equivalente a un crecimiento del 13 %. En términos de volumen, el alza fue aún más pronunciada: 15.7 %, con 3,452.6 millones de kilogramos ingresados al país.
Este comportamiento refleja tanto la expansión del consumo interno como las limitaciones estructurales de la producción agrícola nacional para suplir la demanda, especialmente en granos básicos y productos procesados.
¿Qué alimentos lideran las compras externas?
El mayor gasto se registró en preparaciones comestibles, que sumaron $819.6 millones en 2025, con un crecimiento interanual de 8.8 %. Este segmento incluye alimentos procesados y productos listos para el consumo, cuyo dinamismo está vinculado a cambios en los hábitos de consumo y a la expansión del comercio minorista.
Los cereales ocuparon el segundo lugar, con importaciones superiores a $527.8 millones, un aumento de 29.2 %. En este grupo se incluyen maíz y frijoles, cuya producción local —según representantes del sector agrícola— resulta insuficiente para cubrir la demanda nacional.
Las compras de carnes totalizaron $399.82 millones (+14.9 %), mientras que los lácteos superaron los $350.8 millones (+14.1 %). En vegetales, principalmente provenientes de Guatemala y Honduras, se importaron $255.08 millones (+5.5 %), y en frutas, $163.9 millones (+9.9 %).
Otros rubros relevantes fueron grasas vegetales ($238.9 millones, +9.4 %), bebidas no alcohólicas ($131.02 millones, +2.5 %), bebidas alcohólicas ($95.7 millones, +14.9 %), azúcares y mermeladas ($71.7 millones), cacao y derivados ($39.9 millones), pescado ($21.4 millones), mariscos ($20.9 millones) y nueces ($40 millones).
Presión sobre la balanza comercial y retos estructurales
El diferencial entre importaciones y exportaciones alimentarias evidencia una presión persistente sobre la balanza comercial del país. El crecimiento acelerado en categorías estratégicas como cereales y carnes pone de relieve los desafíos de productividad y competitividad del sector agropecuario.
En un entorno de volatilidad internacional de precios y riesgos logísticos globales, la alta dependencia de importaciones plantea interrogantes sobre seguridad alimentaria, estabilidad de precios internos y sostenibilidad de la cuenta corriente.


