El dinamismo del mercado laboral salvadoreño continúa marcado por la expansión de la informalidad, un fenómeno que ya involucra a más de dos millones de trabajadores y que sigue ganando terreno como principal alternativa ante la escasez de empleo formal.
Datos actualizados del Banco Central de Reserva (BCR) evidencian que 2,115,974 personas se desempeñaban en el sector informal en 2023, consolidando un incremento sostenido en los últimos años. Solo en comparación con 2022, se sumaron más de 32,000 nuevos trabajadores bajo condiciones laborales sin cobertura social ni estabilidad contractual.
La tendencia es aún más significativa al observar la última década: desde 2014, el número de trabajadores informales creció en 193,805 personas, reflejando una presión estructural en el mercado laboral que afecta especialmente a jóvenes y sectores con menor acceso a empleo formal.
En paralelo, la economía no observada mantiene un peso relevante en la estructura productiva del país. En 2024, este segmento generó más de $33,565 millones, equivalente al 20.5 % del PIB, lo que confirma su rol como motor económico, aunque con implicaciones en términos de baja productividad y limitada contribución fiscal.
El comercio lidera como el principal generador de empleo informal, seguido por actividades agrícolas y manufactureras. Sin embargo, el crecimiento de sectores como servicios y construcción sugiere una diversificación progresiva de la informalidad hacia áreas urbanas.
Este comportamiento plantea un desafío clave para la economía salvadoreña: transformar la informalidad en empleo productivo y formal. Sin reformas estructurales que incentiven la formalización y amplíen las oportunidades laborales, la informalidad seguirá siendo tanto un soporte económico como una limitante para el desarrollo sostenible del país.


