Desde temprano, la carretera hacia la Costa del Sol marca el inicio de una jornada distinta. El destino es el Estero de Jaltepeque, donde el paisaje de manglares revela una realidad que pocas veces se observa desde la ciudad: detrás de estos ecosistemas existe una cadena de actividades económicas y familias cuyo bienestar está ligado a la salud del mar.
Hasta este lugar llegaron medios de comunicación y creadores de contenido para conocer el trabajo que desarrolla La Cuenta del Mar, una iniciativa de Bancoagrícola y Mastercard junto con Fundación Doménech. El proyecto busca recuperar los manglares, proteger los recursos marinos y contribuir al fortalecimiento de las comunidades que viven de este entorno.
La experiencia permite entender que hablar de conservación en esta zona no significa únicamente hablar de árboles. También implica hablar de pesca, empleo, ingresos familiares y de la necesidad de mantener productivos los ecosistemas que sostienen a buena parte de las comunidades costeras.




Una inversión que se construye por etapas
La Cuenta del Mar nació en 2023 y ahora entra en su tercera fase. Para sostener el proyecto, Bancoagrícola ha destinado $267,000 en donaciones, distribuidos en aportes de $89,000 para cada una de las tres etapas.
La inversión ha permitido trasladar los recursos a acciones concretas en el territorio. En tres años, se han intervenido más de 18 kilómetros de canales estuarinos, sembrado más de 2,000 candelillas de mangle rojo y liberado 400,000 postlarvas de camarón marino.
Cada una de estas acciones tiene una relación directa con el equilibrio del ecosistema. Los manglares funcionan como refugio y zona de reproducción para distintas especies. Los canales, por su parte, forman parte del sistema que conecta las comunidades con los recursos del estero.
A la restauración se suma otro desafío: los residuos. Las jornadas de limpieza han permitido retirar más de 16,500 libras de desechos, tanto en tierra como bajo el agua.
Son cifras que permiten dimensionar el alcance de una iniciativa que ha dejado de ser una acción puntual para convertirse en un proyecto de varios años.





El trabajo continúa en el Estero de Jaltepeque
La tercera fase ya tiene resultados. Durante sus primeros meses se han intervenido 5.05 kilómetros de canales estuarinos y se han liberado 200,000 postlarvas de camarón marino.
Las actividades también incluyen restauración, limpieza y acciones orientadas a fortalecer a las comunidades.
El propósito es que la recuperación ambiental tenga una consecuencia económica a largo plazo. Un ecosistema más saludable puede contribuir a preservar los recursos de los que dependen las familias dedicadas a actividades vinculadas al estero.
Por eso, el proyecto plantea la conservación como una inversión y no solamente como un gasto ambiental. La lógica es sencilla: proteger el ecosistema hoy ayuda a mantener las oportunidades económicas que dependen de él mañana.



Del proyecto empresarial a la participación ciudadana
La tercera etapa incorpora un nuevo componente. Bancoagrícola y Mastercard lanzaron la tarjeta Mastercard de La Cuenta del Mar, con la intención de acercar el proyecto a más salvadoreños.
La idea es convertir una acción cotidiana en una oportunidad para contribuir a la conservación. A través de la tarjeta, los usuarios podrán realizar aportes voluntarios destinados a apoyar las iniciativas ambientales.
Una donación de $5 puede contribuir a conservar hasta tres mangles, según los impulsores del proyecto.
Este mecanismo busca ampliar la participación más allá de las empresas que financian la iniciativa. El objetivo es que los ciudadanos también tengan una vía sencilla para involucrarse en la protección de los ecosistemas marino-costeros.
Cuando la conservación se mide en resultados
La Cuenta del Mar muestra una evolución que puede medirse en kilómetros de canales recuperados, mangles sembrados, especies repobladas y toneladas de residuos retirados.
Pero detrás de esos números existe una segunda dimensión: las comunidades que dependen de un ecosistema que necesita mantenerse saludable para continuar generando oportunidades.
En el Estero de Jaltepeque, la conservación y la economía local están conectadas. Restaurar los manglares significa proteger una parte del patrimonio natural, pero también preservar las condiciones que permiten a muchas familias desarrollar sus actividades.
Con la tercera fase, Bancoagrícola y Mastercard buscan ampliar esa apuesta junto con Fundación Doménech. El desafío ahora es mantener la continuidad del proyecto y conseguir que más personas se incorporen a una estrategia en la que el cuidado de los recursos naturales también representa una inversión en el futuro económico de las comunidades costeras de El Salvador.

