El impulso productivo al agro comienza a reflejarse en la economía local de San Vicente, donde agricultores de distintos distritos han logrado reactivar y ampliar sus cultivos de hortalizas y frutas gracias al acompañamiento técnico y productivo del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG). La iniciativa no solo fortalece la seguridad alimentaria, sino que también genera ingresos sostenibles y dinamiza el mercado agrícola regional.
De acuerdo con la cartera de Estado, el Programa de Aumento a la Producción de Hortalizas y Frutas ha sido determinante para que pequeños productores retomen la actividad agrícola tras años de limitaciones económicas, climáticas y técnicas. La estrategia combina entrega de insumos, asesoría especializada y acceso a canales de comercialización formales, factores que han mejorado la rentabilidad de las parcelas.

Wálter Enrique Barahona, técnico del MAG, explicó que las visitas técnicas periódicas permiten identificar oportunamente plagas, planificar ciclos productivos y optimizar el uso de recursos como agua y fertilizantes. “Muchos productores no calibraban sus equipos ni aplicaban los insumos de manera eficiente, lo que impactaba directamente en los costos y el rendimiento”, señaló.
Uno de los beneficiarios es Antonio Rivas, productor del distrito de San Cayetano Istepeque, quien cultiva 12,000 plantas de tomate de los híbridos P52 F1 y Tyral. Rivas aseguró que el respaldo institucional fue clave para mantenerse activo en el sector agrícola y transformar su producción en una fuente estable de ingresos.
Actualmente, comercializa su cosecha a través de la Central de Abastos (CDA), un mecanismo que —según afirmó— le garantiza precios justos, medidas exactas y márgenes reales de ganancia. Esta conexión directa con el mercado ha permitido que reinvierta utilidades y diversifique su producción, que hoy incluye tomate, chile dulce y picante, cilantro, coco, papaya y maracuyá.
Otro caso es el de Euracio Segura, productor del distrito de Tepetitán, quien destacó que el acceso a insumos y asistencia técnica le permitió sostener la producción de papaya pese a las adversidades climáticas y a la falta de capital. “Sin ese respaldo, hubiera sido imposible continuar”, indicó.
Desde el MAG se informó que, además del apoyo actual, el programa contempla la construcción de casas malla, con el objetivo de incrementar la productividad, reducir pérdidas y mejorar la calidad de las hortalizas destinadas al mercado nacional.
En San Vicente, ocho productores forman parte de este esquema que incluye capacitación constante y una ruta segura de comercialización. En ese contexto, el viceministro de Agricultura, Óscar Domínguez, ha reiterado que los productos que abastecen los agromercados provienen de campos salvadoreños, desvirtuando señalamientos sobre importaciones, y subrayó que este modelo permite ofrecer alimentos a precios más accesibles para la población.
El fortalecimiento del agro local, además de garantizar el abastecimiento, comienza a consolidarse como un motor económico para las zonas rurales, donde la producción agrícola vuelve a ser sinónimo de empleo, inversión y desarrollo sostenible.


