La incertidumbre geopolítica está modificando las rutas del comercio marítimo internacional. El tráfico de buques en el estrecho de Ormuz cayó 17 %, mientras que el movimiento marítimo en el mar Rojo aumentó 53 %, en un contexto de mayor riesgo para las operaciones comerciales en Oriente Medio.
El cambio refleja la respuesta de las empresas navieras ante la tensión en dos de los principales corredores marítimos de la región. Ormuz es una ruta clave para el transporte de petróleo, gas natural licuado y otras materias primas, mientras que el mar Rojo conecta el comercio entre Asia, Europa y Medio Oriente.
La situación también eleva los costos y riesgos para las compañías que dependen de estas rutas. Las navieras deben evaluar cambios de itinerario, mayores tiempos de navegación, seguros más costosos y posibles retrasos en la entrega de mercancías.
Ormuz pierde tráfico ante el riesgo
El estrecho de Ormuz mantiene un papel estratégico para los mercados energéticos. En condiciones normales, por esta vía circula cerca de una quinta parte del petróleo consumido a escala mundial. También concentra una parte importante del comercio marítimo de gas natural licuado y fertilizantes.
Sin embargo, la tensión militar ha reducido de forma considerable el flujo de embarcaciones. Datos recientes muestran que el tránsito por Ormuz permanece muy por debajo de sus niveles habituales. En lo que va de 2026, el promedio de cruces se ha reducido frente a los registros de años anteriores.
Para las empresas energéticas y navieras, el principal problema es la incertidumbre. La dificultad para determinar cuándo se normalizará el tránsito complica la planificación de cargas, contratos y rutas.
El mar Rojo gana relevancia
El movimiento en el mar Rojo muestra una dinámica diferente. El aumento del tráfico refleja la búsqueda de alternativas ante las restricciones que afectan otras rutas estratégicas.
El corredor del mar Rojo, a través del estrecho de Bab el-Mandeb, es fundamental para el comercio entre Asia y Europa. Antes de la crisis iniciada por los ataques hutíes, por este paso circulaban unos 61 buques diarios. En 2026, el promedio se ha mantenido alrededor de 36 embarcaciones al día.
Aunque el flujo sigue por debajo de los niveles previos al conflicto, cualquier aumento de actividad adquiere relevancia para las cadenas logísticas. Las compañías buscan mantener el movimiento de mercancías mientras evalúan los riesgos de seguridad.
Presión sobre costos y cadenas de suministro
Los cambios en las rutas marítimas tienen efectos que van más allá del transporte. Un mayor riesgo en los principales corredores puede elevar las primas de seguros, aumentar el consumo de combustible y extender los tiempos de entrega.
El petróleo es uno de los mercados más sensibles. La tensión en Ormuz ya ha provocado episodios de volatilidad en el precio del crudo. A finales de julio, el Brent llegó a superar los $100 por barril ante el temor de interrupciones en el suministro.
Para las empresas importadoras y exportadoras, una crisis prolongada también puede traducirse en mayores costos logísticos. Estos incrementos pueden trasladarse a los precios finales de productos, energía y materias primas.
La incertidumbre mantiene en alerta al comercio mundial
El comportamiento de Ormuz y el mar Rojo confirma que las empresas están ajustando sus operaciones ante un escenario difícil de prever. El objetivo es reducir la exposición a las zonas de mayor riesgo y mantener abiertas las cadenas de suministro.
La evolución del conflicto será determinante para el transporte marítimo y los mercados energéticos. Mientras Ormuz enfrenta una reducción del tráfico, el mar Rojo adquiere mayor importancia dentro de la estrategia logística internacional, aunque ambos corredores continúan expuestos a los efectos de la tensión regional.
Para el comercio global, el desafío no se limita a encontrar rutas alternativas. También implica asumir mayores costos, gestionar nuevos riesgos y adaptar las cadenas de suministro a un escenario en el que la seguridad marítima se ha convertido en un factor económico de primer orden.


